• Los gestos olvidados
  • El final de la canción
  • Make it work
  • Tenemos derecho a jugar
  • Techos
  • Te echo de menos
  • Le phare du Four
  • Hug
  • Es necesario
  • La rugosidad de las piedras
  • Un paciente en disminución
  • Viaje de ida (IV) - Caja de folios con recuerdos
  • Viaje de ida (III) - El canto de los vencejos
  • Viaje de ida (II) - El cajón de los incendios
  • Viaje de ida (I) - La habitación de las cosas
  • Siete minutos de silencio llenos de vida
  • Como los demás creen que uno es
  • Saber leer
  • Señor Lápiz
  • ¿Para qué quiero este dedo?
  • Milo tiene ganas de volar
  • Children of God
  • Milo tiene ganas de pasear
  • Diente de león
  • Las hermanas Bunner, Edith Wharton
  • Beautiful thing
  • Volver
  • Echar a volar

25.10.12

Te echo de menos

25 de octubre de 2012


¿Te acuerdas de cuando quise que vieras cómo varias nubes de estorninos regresaban cada atardecer a las copas de los árboles para pasar la noche? ¿Recuerdas la sensación de verlos llegar y pensar que ya no habría sitio para más? Aquí te llevaría a un paseo de hierba fresca y muy verde flanqueado de árboles de copa ancha para tumbarnos en el centro y ver cómo pierden sus hojas amarillas y ocres al paso del viento. Juntos pasearíamos por los canales del centro a esa hora en la que la niebla todavía deja ver el reflejo de las luces que adornan los puentes. Nos detendríamos ante el vuelo lento y silencioso de las garzas, miraríamos a lo más alto de los más altos árboles de Amsterdam y esperaríamos en algún puente la llegada de alguna barca que rompiera a su paso las aguas tranquilas cubiertas de hojas del canal.


Veo todos estos momentos llegar y me doy cuenta de que todavía hay sitio para mucho más.



15.8.12

Le phare du Four

15 de agosto de 2012



No sé cuánto tiempo resistirá esta roca. El guardafaros ya no guarda ningún faro y sólo recibo la visita de un puñado de atrevidas gaviotas. A veces siento la necesidad de apagarme pero, cuando el cielo se cubre repentinamente de nubes, una luz, en el horizonte, me mantiene alerta, y me digo entonces que las olas, el viento y todo el salitre del mundo no serán suficientes para derribar el indeterminado número de piedras que me sostienen.


Michael Nyman
Palacio de la Magdalena (Santander)
9 de agosto de 2012

7.8.12

Hug

07 August 2012

Flickr CC

/hʌɡ/

1. To put your arms round someone to show your love or friendship.

They stood hugging on the platform.
People were hugging and kissing each other.

2. To hold something close to your chest.

Emma was sitting on the floor hugging her knees.

3. To move, lie or stay close to something.

They kept to the back of the crowd, hugging the wall.

4. If a piece of clothing hugs your body, it fits very tightly.

Hug yourself

1. To cross your arms tightly in front of your body.

She came to the door with him, hugging herself against the wind.

2. To feel very pleased with yourself.

I was hugging myself at the thought of what he would say when I told him the news.

Hug







21.7.12

Es necesario

21 de julio de 2012

Take this sinking boat and point it home.
We've still got time.


The Swell Season - Falling slowly


Después de pasar una semana en Madrid muchas cosas han cambiado. Independientemente de la apertura de un nuevo supermercado en la calle Mata, de las obras que han iniciado en mi barrio o de lo que parece haber madurado de forma sorprendente uno de los adolescentes con los que he trabajado, hay un puñado de cosas distintas.


Supongo que salir fuera y dejar a tu familia y amigos no es fácil para casi nadie, y que el miedo a lo que nos podemos encontrar al llegar a nuestro destino viaja con cualquiera en la maleta. Obviedades aparte, desconozco si hay alguna forma de evitar esa tristeza y de esquivar ese miedo. O lo desconocía, al menos. A mí me ha funcionado este pequeño ensayo de dos semanas, esta última en Madrid y la anterior en Toledo. Soy consciente de que no hablo de un viaje terrible de miles de kilómetros tras el que no sabes cuándo vas a volver; yo me he ido al comenzar una semana y he vuelto a Ciudad Real al terminarla, no me he visto obligado a hablar en otro idioma, me he reencontrado en cada caso con algún amigo o amiga y no he tenido que enfrentar otras muchas cosas que, por otra parte, ya he vivido pero ahora no recuerdo. Sin embargo, a la vuelta esa tristeza y ese miedo han desaparecido.


Al volver en cada caso me he dado cuenta de que me sobran demasiadas cosas, más todavía de las que ya sabía que no necesitaba. Hablo de objetos, obviamente, y nunca de personas. Tengo objetos que pretendía guardar y que ahora necesito entregar a quien los quiera; a mí ya no me hacen falta (y me pregunto, como tantas otras veces, si alguna vez me hicieron), así que confío en que quien los reciba sepa encontrar en ellos la utilidad que se ha desperdiciado conmigo.


En cuanto a mi relación con los amigos, ésta también ha cambiado. La tristeza ha dejado paso a una atención desmedida, al intento constante de observarlo todo, al esfuerzo por extraer de cada uno de ellos aquello que los hace únicos, aquello por lo que indefectiblemente son y serán siempre mis amigos. He pasado de pensar "ésta posiblemente sea la última vez que nos veamos en mucho tiempo" a sentir vivamente lo chunga y divertida que es Graciela, la vitalidad incombustible de Mamen, la reconfortante espontaneidad de Nuria, el cariño infinito de Graci, la prudente ternura de Prado, la profunda complicidad de Drina... De algunas de ellas ya me he despedido y ha sido realmente maravilloso. Lo he pasado muy bien, como acostumbramos a pasarlo siempre, pero he reído con ellas mucho más de lo que reía normalmente.


Y como resultado de todo esto, aquí en Ciudad Real, ahora, a mí me falta el aire y me siento como en una caja de zapatos en la que todo es tan pequeño que apenas cabe. No tengo miedo a salir porque necesito hacerlo. De nuevo la necesidad aparta de su camino al miedo y todo lo que parecía imposible necesita solamente tiempo. En ningún momento digo que sea fácil, al contrario: la vida nos complica las cosas para hacerlas, si es posible, todavía más valiosas.




Ben Howard - Keep your head up
I saw a friend of mine the other day,
and he told me that my eyes were gleamin'.
Oh I said I had been away, and he knew,
oh he knew the depths I was meanin'.
And it felt so good to see his face,
the comfort invested in my soul.
Oh to feel the warmth of his smile,
when he said "I'm happy to have you home.
Ooh I'm happy to have you home."

Imagen: Nuances

2.7.12

La rugosidad de las piedras

2 de julio de 2012


Paseo respirando profundamente, deteniéndome de repente y sin motivo, mirando fijamente nada. Con una mano juego a darle vueltas a la piedra. La agarro, la empujo con el pulgar y le doy la vuelta. Quien la ve piensa que es lisa, que de tanto darle vueltas la he pulido. Respiro paseando tranquilamente, avanzando poco a poco, recordando minuciosamente todo.



25.6.12

Un paciente en disminución

25 de junio de 2012

Esto de los recortes está pasando. Si no lo ha dicho ya La Razón, lo hará en los próximos años. Y si no al tiempo... El problema es que lo están haciendo formalmente, poco a poco y con nuestro consentimiento, y así no hay manera de darse cuenta ni, mucho menos, de estar en desacuerdo. En breve podríamos recibir una circular en nuestra casa, convenientemente sellada, adecuadamente dirigida al estimado cliente y firmada por el propietario electo, solicitándonos ayuda para el traslado paulatino (ladrillo a ladrillo, pupitre a pupitre, desfibrilador a desfibrilador) de los edificios públicos a descampados vallados y tecnovigilados, y llamaríamos felices a nuestros padres o hijos, a los amigos que se preocupan por nosotros, para darles la buena noticia, como si de verdad tuviéramos trabajo, como si nuestros políticos realmente se preocuparan de nosotros.



El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:


-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.

Macedonio Fernández, Un paciente en disminución

24.6.12

Viaje de ida (IV) - Caja de folios con recuerdos

24 de junio de 2012


Tiempo: 4 minutos por caja

Dificultad: Alta

Ingredientes para 1 persona:

-Varias cajas de folios (mejor vacías)
-157 libros
-6 packs de dvds
-3 incensiarios
-4,5 kg. de objetos decorativos
-Varias botellas (de las de vino) vacías
-1 botella de cerveza con lápices pequeños casi gastados
-1 botella de agua con piedras de Quintos de Mora
-1 frasco con piñones
-150 g. de animales de papel
-Papel (reciclado)
-1 periódico
-1 rotulador
-Cinta adhesiva (mejor precinto)
-Tijeras

Antes de empezar a guardar los recuerdos, se tendrán previamente separados según su forma y tamaño, y colocados en algún lugar que nos permita acceder a ellos con facilidad.


En una mesa se pondrá una caja de folios, si es posible vacía y, por supuesto, abierta. (Para saber cómo vaciar correctamente la caja ver receta del 28 de junio de 2004.) Es recomendable comenzar con los objetos más uniformes, es decir, con los libros. Una vez ordenados por altura en la estantería, se elegirán los más voluminosos, se limpiarán cuidadosa pero enérgicamente con un paño seco y se colocarán en el fondo de la caja, procurando siempre pegarlos bien a la pared interior izquierda y a la más cercana a nosotros. En cuanto se alcance el borde superior de la caja, con cuidado de que no rebose, se procederá a rellenar los huecos libres con libros menos gruegos que convendrá colocar en vertical, hasta cubrir la pared interior derecha y la más alejada a nuestro cuerpo.


Cuando la caja esté completa, se cogerá la tapa y se cubrirá haciéndola encajar. Es conveniente introducir antes, entre los objetos y la tapa, un trozo de papel en el que figuren todos los objetos que contiene, así como hacer una copia de este para pegarlo en la parte externa de la caja. Después, se sellará con la ayuda de la cinta adhesiva o precinto, que cortaremos cuando se considere oportuno con ayuda de unas tijeras.


Este proceso, que se repetirá las veces que sea necesario, servirá también para guardar otros objetos menos uniformes, si bien habrá que tener en cuenta este detalle y tratar de elegir los recuerdos con formas similares y dando prioridad a los más grandes a la hora de meterlos en la caja. Los objetos frágiles o con posibilidades de sufrir en el traslado, se envolverán con papel de periódico.


Cuando todos los recuerdos se encuentren en sus correspondientes cajas, se llevarán a un lugar seguro, limpio, fresco y seco, donde se protegerán de la luz solar y de olores agresivos y donde reposarán en la soledad de la oscuridad el tiempo que sea necesario.



Björk - Hyperballad
It's become a habit, a way to start the day

18.6.12

Viaje de ida (III) - El canto de los vencejos

18 de junio de 2012

Tiene la suerte de vivir en un cuarto piso sin ascensor, en un edificio antiguo con una fachada sucia, en un barrio insignificante de una calle apenas conocida. Vive en un piso donde el baño colecciona humedades ante la inquietante mirada de una grifería antigua, hortera y oxidada con forma de gárgola, donde la cocina se llena de hormigas los primeros días de mayo y las palomas obligan a mantener cerradas las ventanas del lavadero para evitar así que entre el hedor de sus heces amontonadas. Vive, afortunadamente, en un piso muy caluroso en verano y sin aire acondicionado, en el que los inviernos se sufren con una calefacción escasa y en el que el telefonillo no funciona. Gracias a estas y a otras tantas ventajas similares, su habitación cuesta lo que cuesta, él puede vivir en ella y, cuando se acerca el verano, disfruta del espectáculo que ofrecen diariamente palomas, aviones y vencejos.



Suele sentarse en el balcón a las nueve de la noche. El sol ya se encuentra al otro lado del edificio de enfrente y empieza a teñir de amarillo las nubes que habitualmente se forman en torno al lugar por el que se esconde. Aviones y vencejos inundan el cielo y sus cantos se alzan por encima de motores, voces, televisores, balones, persianas y móviles. Desde su tumbona ve solo lo que quiere ver. Hace un par de años cubrió la barandilla con césped artificial de color verde, evitando así ser visto desde los edificios de enfrente y dejando a la vista solo lo realmente interesante para él: el cielo. Mire donde mire todo está salpicado de pequeños y ágiles puntos negros que se mueven sin cesar, esquivándose los unos a los otros en un baile improvisado.


Odiada por la mayoría, la paloma es silenciosa a las nueve y diez de la noche y apenas parece representar una pequeña parte de las aves que pueblan el cielo. Sus vuelos tienden a ser cortos, de un edificio a otro, de una altura a otra, casi como si saltaran en lugar de volar. Pero de vez en cuando puede ver alguna planeando desde lejos, con las alas extendidas, cruzando veloz y silenciosamente de un lado a otro, con majestuosidad, enorme, dejando pasar la luz del sol entre sus plumas, hasta acercarse a algún tejado, empezar a batir sus alas por debajo del cuerpo para frenarse y, finalmente, posarse.


El avión común es el que más canta, aunque no por ello el que más se oye. Pequeño y con el pecho blanco, suele volar solo y en círculos, piando aquí y allá mientras roza balcones y tejados. En la parte más alta de la fachada sucia de su edificio, sobre una de sus ventanas, orientados al norte construyeron hace años un par de nidos de barro que reconstruyen cada temporada. Ahí es donde vive su pequeño avión, el que vuela sin descanso desde hace veinte minutos, piando y asomándose por encima de la barandilla para alejarse inmediatamente después hacia el edificio de enfrente. Su pequeño avión traza un círculo imperfecto que va desde un extremo de su piso a otro, cruzando por delante de su habitación, del salón y del balcón, hasta llegar a la habitación de uno de sus compañeros. De vez en cuando se acerca al nido, intenta entrar o quizá se asoma y se deja caer para seguir volando. Hasta que finalmente, imagina que exhausto, su pequeño avión coge impulso, recoge sus alas y acierta a entrar por el estrechísimo agujero del nido en el que va a pasar la noche.


Los vencejos, en cambio, no descansan. Las nubes se tiñen ya de rojo y el vencejo común continúa volando. Dicen que no se posa para dormir, que aprovecha las corrientes de aire para dormir volando. Él disfruta observándolos, siguiéndolos como puede con la mirada, escuchándolos. Son sin duda los más numerosos, los más silenciosos cuando vuelan solos y los más escandalosos cuando van en grupo. Con su peculiar forma de arco y flecha, negros carbón, recorren el cielo sin prestar atención a trayectorias. Cuando van solos son como sombras que le obligan a levantar la mirada cuando ya se alejan; cuando van en grupo, en cambio, los oye acercarse desde lejos y los espera. Dos, tres, cinco u ocho vencejos juntos tienden a volar en círculos, como persiguiéndose unos a otros, rápida, sincronizadamente, hasta que la trayectoria del vuelo cambia un poco, se encuentran con un obstáculo y el grupo se ve obligado a disolverse. Es en ese momento, a lo largo de esa carrera, cuando cantan. Una acumulación de íes, íes largas y metálicas, agudas, que suenan y desaparecen y vuelven a sonar y a desaparecer. Un canto breve pero intenso, un saludo jovial, un aviso contundente, un mensaje indescrifrable, un momento insustituible que no puedes llevar en ninguna maleta.



Wim Mertens - Often a bird

16.6.12

Viaje de ida (II) - El cajón de los incendios

16 de junio de 2012


Hace unas semanas encontré el proyecto The burning house, La casa en llamas. Se trata de una web en la que se publican fotos que muestran las cosas que la gente se llevaría de casa en caso de incendio. La idea es que tienes poco tiempo para salir y no puedes cargar con muchas. Tienes que elegir. ¿Qué te llevarías? Supone un ejercicio de depuración material en el que todas las cosas que queremos conservar a toda costa caben en una fotografía tomada a no más de un metro de distancia. Hablamos sobre todo de lo material pero también de aquellos seres vivos que dependen de nosotros. Hay de todo: pasaportes, fotos antiguas, llaves y llaveros, portátiles, discos duros, libros, cds, instrumentos musicales, animales, plantas... Los chicos de Microsiervos lo presentaban como "el conflicto entre lo práctico, lo valioso y lo sentimental".


El proyecto me hizo recordar que un amigo tiene en su casa lo que él llama "el cajón de los incendios". Ante cualquier desastre, tiras de él y sales corriendo. No sé qué se guarda en un cajón de los incendios. No se suele tener en un cajón las llaves, el portatil, los discos duros, los libros o los gatos, por ejemplo. Supongo que se guardan papeles: los del banco, los de la casa, los del coche... Es decir, además de lo muy voluminoso, de aquello a lo que se le da mucho uso y de, obviamente, aquello que se mueve, lo sentimental, exceptuando las fotos, no parece caber en el cajón de los incendios.


De todas formas, mi casa no se está quemando y yo no tengo un cajón de los incendios. Así que tengo tiempo de hacer una selección o, al menos, de separar como si de una planta de reciclaje se tratara. Por un lado lo práctico. ¿Qué es lo práctico? De pronto se me ocurre que es aquello que usamos, lo que tendríamos que comprar si no lo tuvieramos ya. Por otro, lo valioso. Parece ser la categoría más difusa. No todo lo valioso es práctico o sentimental. ¿Cuántas cosas compramos y no usamos, aunque nos hayamos dejado mucho dinero en ellas, tanto que, de hecho, no las volveríamos a comprar? Y, por último, lo sentimental, que no es otra cosa que lo que nos "une" a un momento, a una o a varias personas, a un lugar. Puede ser una lámpara hecha con el muelle de un sofá, un bastón anónimo tallado a mano recuperado de una pila de bastones en Santiago de Compostela, un libro, una camiseta, una pequeña rana que estudia en Salamanca, un puñado de piñones o una grulla de papel color naranja. No sé, es posible que incluso los parámetros sean otros y no importe lo práctico, valioso o sentimental que pueda haber en un objeto. Quizá lo importante sea saber distinguir si un objeto es para nosotros imprescindible o insustituible.




The irrepressibles - In this shirt
But in this shirt I can be you, to be near you for a while.

15.6.12

Viaje de ida (I) - La habitación de las cosas

15 de junio de 2012


Se acerca el momento y hay que tenerlo todo preparado. La habitación no es grande pero en ella caben muchas cosas. Hay un armario con dos cajones, una estantería junto a la puerta, una estantería junto al radiador, una estantería junto a la mesita, la mesita, una mesa grande, un escritorio, un zapatero y una cama. Dicho así no parece mucho pero todas y cada una de estas cosas contienen cosas que, en ocasiones, contienen otras cosas que contienen cosas. La habitación está, como si se tratara de un parque de atracciones, dividida en nueve zonas más o menos bien delimitadas. La zona de trabajo, la zona de descanso, la zona donde voy dejando todos los trastos, la zona de los libros de lectura que no leo, la de los libros y apuntes que uso, la zona de la ropa, la de (principalmente) los zapatos, la de las cosas pequeñas y la de "otras cosas". Es el momento de sentarse donde estoy ahora a mirar y a pensar que todo lo que tengo lo tengo que revisar para decidir qué guardo y de qué cosas me deshago. No me puedo llevar todo porque llevarse todo sería casi como no irse.



Death cab for cutie - A lack of color
This is fact not fiction for the first time in years.

20.5.12

Siete minutos de silencio llenos de vida

20 de mayo de 2012


Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos...

En nuestra precipitación por medir lo histórico, lo significativo, lo revelador, no dejemos de lado lo esencial: lo verdaderamente intolerable, lo verdaderamente inadmisible; lo escandaloso no es el grisú, es el trabajo en las minas. La "desigualdad social" no es "preocupante" en época de huelga: es intolerable las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año.

Los maremotos, las erupciones volcánicas, las torres que se derrumban, los incencios en bosques, los túneles que se hunden, ¡El edificio Publicis que arde y Aranda que habla! ¡Horrible! ¡Terrible! ¡Monstruoso! ¡Escandaloso! ¿pero dónde está el escándalo, el verdadero escándalo? Acaso el periódico nos ha dicho algo diferente de: tranquilícense, ya ven que la vida existe, con sus altibajos, ya ven que pasan cosas.

La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular.



Lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? Lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, ¿cómo dar cuenta de ello, cómo interrogarlo, cómo describirlo?


Interrogar a lo habitual. Pero si es justamente a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, no plantea problemas, lo vivimos sin pensar en él, como si no vehiculase ni preguntas ni respuestas, como si no fuese portador de información. Esto no es ni siquiera condicionamiento: es anestesia. Dormimos nuestra vida en un letargo sin sueños. Pero nuestra vida, ¿dónde está? ¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde nuestro espacio?

Cómo hablar de esas “cosas comunes”, más bien cómo acorralarlas, cómo hacerlas salir, arrancarlas del caparazón al que permanecen pegadas, cómo darles un sentido, un idioma: que hablen por fin de lo que existe, de lo que somos.

Quizá se trate finalmente de fundar nuestra propia antropología: la que hablará de nosotros, la que buscará en nosotros lo que durante tanto tiempo hemos copiado de los demás. Ya no lo exótico sino lo endótico.

Interrogar a lo que parece ir tan por su cuenta que nos hemos olvidado de su origen. Recuperar algo del asombro que experimentaron Julio Verne o sus lectores frente a un aparato capaz de reproducir y transportar el sonido. Porque existió ese asombro, y otros miles, y fueron ellos los que nos modelaron.

De lo que se trata es de interrogar al ladrillo, al cemento, al vidrio, a nuestros modales en la mesa, a nuestros utensilios, a nuestras herramientas, a nuestras agendas, a nuestros ritmos. Interrogar a lo que parecería habernos dejado de sorprender para siempre. Vivimos, por supuesto, respiramos, por supuesto, caminamos, abrimos puertas, bajamos escaleras, nos sentamos a la mesa para comer, nos acostamos en una cama para dormir. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?

Describan su calle. Describan otra.

Comparen.

Hagan el inventario de sus bolsillos, de su bolso. Interróguense acerca de la procedencia, el uso y el devenir de cada uno de los objetos que van sacando.

Pregúntenle a sus cucharillas.

¿Qué hay bajo su papel de la pared?

¿Cuántos gestos hacen falta para marcar un número de teléfono? ¿Por qué?

¿Por qué no se encuentran cigarrillos en las tiendas de alimentación? ¿Por qué no?

Me importa poco que estas preguntas sean, aquí, fragmentarias, apenas indicativas de un método, como mucho de un proyecto. Me importa mucho que parezcan triviales e insignificantes: es precisamente lo que las hace tan esenciales o más que muchas otras a través de las cuales tratamos en vano de captar nuestra verdad.


"¿Acercamientos a qué?"
Georges Perec, Lo infraordinario
.

18.5.12

Como los demás creen que uno es

18 de mayo de 2012

El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen. Me acordé de Rosa Cabarcas, la dueña de una casa clandestina que solía avisar a sus buenos clientes cuando tenía una novedad disponible. Nunca sucumbí a ésa ni a ninguna de sus muchas tentaciones obscenas, pero ella no creía en la pureza de mis principios. También la moral es un asunto de tiempo, decía, con una sonrisa maligna, ya lo verás. Era algo menor que yo, y no sabía de ella desde hacía tantos años que bien podía haber muerto. Pero al primer timbrazo reconocí la voz en el teléfono, y le disparé sin preámbulos:

-Hoy sí.


Inicio de la novela Memoria de mis putas tristes,
de Gabriel García Márquez.


Tenía en la estantería la última novela de García Márquez desde el 17 de noviembre de 2010. Si me acerqué a ella fue principalmente por lo poquito que ocupa entre los demás libros. Necesitaba leer algo breve. Acababa de terminar La tía Julia y el escribidor, que me ha llevado varios meses, no porque no me gustara sino porque necesitaba recuperar cierto ritmo de lectura perdido hace demasiado tiempo, y ahora reclamaba algo que pudiera leer en unas horas, para no sucumbir a la sensación de que no termino las cosas o de que me cuesta demasiado trabajo hacerlo (porque no importa que así sea: ahora no necesito oírlo). Así que abrí la novela hace tres noches porque no podía dormir y la devoré. Hay partes de la novela que me parecen maravillosas y otras demasiado confusas pero en general me ha parecido una buena novela, muy dura y muy tierna a la vez, pero muy dura.


El miércoles por la tarde utilicé en clase de 4º una de las oraciones que aparecen en la novela, que el protagonista dice leer en Los idus de marzo, donde el autor se la atribuye a Julio César: Es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es. Se trata de una oración copulativa cuyo sujeto, no terminar siendo como los otros creen que uno es, es una oración subordinada sustantiva de infinitivo con algún que otro enredo más dentro de ésta. Les pedí que la analizaran y que, a continuación, escribieran un pequeño comentario sobre lo que decía la oración: si la entendían, si estaban de acuerdo, si podían poner un ejemplo a favor o en contra de lo que decía... Buscaba varias cosas. Por un lado, que trabajaran la sintaxis, claro. Por otro, que escribieran algo con el objetivo de ver cómo se expresan por escrito, qué faltas cometen, si son capaces de organizar ideas con un tema tan subjetivo y libre como el que les proponía, etc. Fue un desastre. Al análisis correcto sólo se acercó una chica, que no terminó de hacerlo. Y los comentarios fueron ridículos en su extensión y organización pero con claras diferencias en su interpretación (disfrutad, entre otras cosas, del Festival de la ausencia de tildes):


-La frase no me parece verdad porque no porque alguien crea que otro es antipatico por ejemplo ese otro lo termina siendo.

-Quiere decir uno sera como la gente dice que eres, ejemplo: si las personas dicen que te portas mal etc... al final acabaras portandote mal.

-No entiendo nada, la frase en verdad si tiene sentido ya que cada uno de nosotros tiene que tener personalida y no tiene que dejar giarse por los demas sino por nosotros mismos.

-No es verdad porque hay gente que piensa que eres de una manera y no tienes porque terminar siendo asi.

-No es verdad porque no eres como los demas pienan, creo que por lo que los otros piensen de ti una cosa tu vas a seguir siendo igual.


Como se puede comprobar, la mayoría no estaba de acuerdo con la oración. Finalmente me pidieron "la solución" y lo que hice fue contarles dónde la había leído. Les expliqué que en la novela el protagonista es un hombre que, hasta el día de sus noventa años, no se había sentido viejo jamás y que tal vez terminamos siéndolo, acabamos siendo viejos, no porque cumplimos años, sino porque todo el mundo a nuestro alrededor nos dice que lo somos. Les propuse que pensaran en las consecuencias de decirle a un niño que nunca será capaz de. O de dejar llevarnos por la ideas preconcebidas, fáciles y simplonas que algunas personas puedan tener de nosotros, basadas o no, más o menos, en hechos reales: tú no eres de esos, seguro que tú no, al final no harás nada. ¿Es imposible no terminar siendo como los demás creen que uno es?


Desde entonces empecé a medir la vida no por años sino por décadas. La de los cincuenta había sido decisiva porque tomé conciencia de que casi todo el mundo era menor que yo. La de los sesenta fue la más intensa por la sospecha de que ya no me quedaba tiempo para equivocarme. La de los setenta fue temible por una cierta posibilidad de que fuera la última. No obstante, cuando desperté vivo la primera mañana de mis noventa años [...], se me atravesó la idea complaciente de que la vida no fuera algo que transcurre como el río revuelto de Heráclito, sino una ocasión única de voltearse en la parrilla y seguir asándose del otro costado por noventa años más.


Memoria de mis putas tristes,
de Gabriel García Márquez.



Sébastien Tellier - La Ritournelle
I got that beat in my veins for only rule.

Imagen: End of the day (Flickr)

17.5.12

Saber leer

17 de mayo de 2012


Durante la segunda hora hacen la tarea (eso que antiguamente se llamaba "deberes") y el ambiente en clase es más relajado. La alumna boliviana adopta la posición del loto para leer, la dominicana sube las piernas en alto y escribe desganada en su cuaderno, la marroquí se levanta y se pasea por el aula tratando de memorizar un tema, y otra más, en este caso española, lee expresiones inglesas en voz alta al único alumno de la clase, también español, para ver si éste sabe traducirlas. Y yo les permito hasta comer algo y, por supuesto, beber agua porque estamos en mayo, son las cinco de la tarde y el calor ya es asfixiante, porque se han pasado la mañana en sus respectivos institutos y llevan en Refuerzo desde las cuatro, y porque es 4º de ESO y, después de tres años evitándolo, empiezan por fin a tener conciencia de que tienen ciertas responsabilidades educativas.


By the way, dice la española. By, hace una pausa; the, hace otra; way, termina. Y el chico la mira con cara de no saber qué significa. Por cierto, digo yo desde mi mesa. Y la chica lo celebra efusivamente, como sorprendida de que el profesor de Lengua sepa algo de inglés.


-¿Sabes inglés?, me pregunta.
-Bueno, algo.
-¿Pero tienes el B1?.
-No, le digo yo, no tengo ningún título.
-Buah, entonces no sabes inglés.

En ese momento, mientras intento explicarle que hay mucha gente que habla un idioma sin necesidad de que un título lo acredite, la dominicana, sin levantar la cabeza, con los pies en alto y escribiendo con desgana, me interrumpe y sentencia: Para saber leer no hace falta ningún título y se supone que sabemos hacerlo.




The Killers - Read my mind
Before you jump tell me what you find when you read my mind.

Imagen: Greek to me (Flickr)

13.5.12

Señor Lápiz

13 de mayo de 2012


-Señor Lápiz, tiene usted mala punta. ¿Qué le pasa?

-¿Que qué me pasa? Qué me va a pasar, hijo mío; que me están minando por dentro.




Explosions in the sky - The birth and death of the day
-

Imagen: Drawing hands, M.C. Escher

9.5.12

¿Para qué quiero este dedo?

9 de mayo de 2012


La pregunta me la acabo de hacer, al descubrir que no lo uso. Hace una semana un golpe tonto contra una puerta me provocó una fisura en el anular de la mano izquierda. El médico me dijo que lo tendría como nuevo en diez días, es decir, mañana, y le pidió a la enfermera que me lo vendara. En realidad ella lo que hizo fue unir mi anular y mi corazón con una gasa y mucho esparadrapo, y así lo he tenido hasta hoy. El dedo, desnudo por fin, se encuentra algo amoratado y me sigue doliendo como el segundo día. Sólo cuando abro la mano como si cogiera una jarra de cerveza tengo la sensación de que funciona correctamente. De cualquier otra forma, me duele.


De repente, con la fisura, el dedo se me ha vuelto muy sensible y el mínimo roce de la yema con cualquier objeto, o de cualquier objeto con la yema, basta para que, sin remedio, el resto del cuerpo reaccione y mi rostro se vuelva por un instante irreconocible. Se trata de un dolor que curiosamente no empieza en la yema sino más bien entre la segunda y tercera falange, y que sube como un rayo hasta perderse a la altura del hombro. Yo trato de aguantar estoicamente. Es solo un dedo, me digo.


Al principio, el dolor me ha hecho pensar que el anular es un dedo imprescindible para llevar a cabo numerosas tareas pero luego me he dado cuenta de que en realidad no lo uso para nada. Ha sido escribiendo en el ordenador. Teclear con el anular izquierdo (da igual si es la w, la s, la x o el 2) es realmente doloroso. Sin embargo, la escritura es igual de fluida que antes del accidente. Vamos, que no lo uso. El trabajo se lo reparten inconscientemente el corazón y el meñique. El anular ya no me sirve para nada.


Así que me estaba planteando prescindir del dedo y me ha parecido oportuno compartirlo con alguien. Mantenerlo por mantenerlo parece un poco absurdo, me he dicho, y estoy buscando a mi alrededor motivos por los que dejarlo en su lugar y preguntándome qué otras cosas tengo y no me sirven para nada.




Band of horses - The funeral
At every occasion, I'll be ready for the funeral.

Entrada publicada originalmente el 15 de abril de 2009.

Imagen: Minimalism outside (Flickr)

4.5.12

Milo tiene ganas de volar

4 de mayo de 2012


Milo tiene ganas de volar. Lleva en casa dos semanas y lo que más le gusta, de momento, es estar en la terraza. Sentado, suele mirar durante horas a la gente pasar, abajo a lo lejos, u observar el vuelo impredecible de los pájaros. Hay días que mira mucho más allá, al horizonte, diría que detrás de los edificios que rodean el nuestro. Suelen ser días nublados, como si a él también le invadiera cierta sensación de soledad o ganas de cambiar o de salir corriendo. A veces tengo miedo de que cometa una locura. Es joven y no tiene por qué saber que un paso en falso a esta altura puede ser mortal; tampoco sé, por otra parte, cómo esto puede aprenderlo con la edad. Me consuela comprobar que ya no cabe con facilidad entre los barrotes pero me inquieta verle mirar tan a menudo el barandal. A veces pienso que no se siente cómodo aquí conmigo pero se me pasa en cuanto veo cómo al verme rompe en muestras de alegría. Me gustaría darle una sorpresa algún día, llevármelo lejos y lanzarnos juntos, yo qué sé, en paracaídas, por ejemplo; yo para perder el miedo y él, quizás, para aprenderlo.




The National - England
Afraid of the house 'cause they're desperate to entertain.

Entrada publicada originalmente el 08 de octubre de 2009 en Con el mundo a tus pies

Imagen: Journeybird (Flickr)

20.2.12

Children of God

20 de febrero de 2012

No es casual que el tema musical del trailer promocional de la película Children of God sea un tema compuesto por Mark Isham para una maravilla de película como Crash. Children of God también es la historia de varias personas que chocan contra sí mismas, contra quienes creen conocer y contra lo/s desconocido/s.



Contar la homosexualidad, darla a conocer, hacer que se manifieste en el cine como un tema envuelto en polémica, entre la lucha por los derechos y el castigo feroz de las religiones, la ignorancia y el miedo, sigue siendo necesario y Children of God denuncia esta brecha, saca a relucir el choque durísimo que se está llevando a cabo hoy en un Estado en el que la homosexualidad es legal desde hace veinte años pero que a duras penas ha firmado y ratificado tres de los diecisiete Tratados internacionales en materia de Derechos humanos. Esta supuesta legalidad de la homosexualidad en realidad es sólo una concesión: no pasa nada si se mantiene a raya pero si se muestra en público es un delito penado con hasta 20 años de cárcel. La verdadera realidad en Bahamas, como en prácticamente todos los rincones del planeta, sólo se puede ver durante la baja mar.



Mark Isham - A really good cloak

13.2.12

Milo tiene ganas de pasear

13 de febrero de 2012


Milo tiene ganas de pasear. Creo que es lo que más le gusta aunque él todavía es muy joven para saber lo que más le gusta y yo llevo demasiado poco tiempo con él como para estar seguro de saber lo que quiere. Pero me mira con esas ganas. Me dice "adelante, levántate, deja de escribir y vamos juntos a dar un paseo".


No conoce el barrio aún. Ha llegado a casa esta tarde y lo primero que ha hecho ha sido olerlo todo. Las sillas, las mesas, las puertas, los rincones, la maceta, mi cama. Al principio pensaba que se estaba haciendo con las cosas pero después de un rato me he dado cuenta de que en realidad buscaba. Dos horas después de emprender el viaje por habitación, cocina, salón, pasillo y baño, ha encontrado un sitio en el que descansar con calma: se ha tumbado junto a la estantería que sostiene todos mis libros.


Desde ahí es desde donde me mira ahora. Lo hace fijamente, con cara de "bueno ¿a qué esperas?". Así que, sin ánimo de malcriarlo, voy a hacerle caso. Creo que además es una buena forma de empezar a conocernos.




Working for a nuclear free city - Quite place
A hiding place beneath blue skies.

Entrada publicada originalmente el 24 de septiembre de 2009 en Con el mundo a tus pies

Imagen: Stinson Beach (Flickr)

2.2.12

Diente de león

2 de febrero de 2012


Imagino a Luis, con cuarenta y siete años, cargado de proyectos y no sólo deseoso de querer llevarlos a cabo, sino incluso completamente dispuesto a hacerlo. Por eso hoy, al leer en el móvil la noticia de su muerte, no he podido evitar pensar en la cantidad de cosas que le quedarían por hacer, en la de cosas que a cualquiera de nosotros se nos quedarían en el tintero.


Yo esta noche no he querido verlo, así que no recuerdo muy bien la última vez que lo hice. Seguro que fue en una cena y apostaría algo a que ya no quiso besarnos al despedirse. Lo haría moviendo las dos manos, levantadas a la vez a la altura del pecho, en la puerta del restaurante donde cenamos. Sí recuerdo, en cambio, la noche en que él y yo nos conocimos hace nueve, diez u once años. Quedamos para tomar algo en su casa, charlamos durante una hora, tal vez dos, y después nada: ocho, nueve o diez años sin volver a vernos hasta hace más o menos dos tres noviembres. Así que hoy, al ver a su novio allí, lógicamente destrozado, no he podido evitar preguntarme qué hubiera pasado si.


Decides volver a verte y nunca se sabe; decides no volver a hacerlo, y tampoco. Pero puedes decidir qué es para ti importante, qué quieres hacer, y hacerlo ya, y qué cosas no te importa dejar para más adelante. Al final se trata de actuar hasta que, de repente, pequeños gestos quizá sin importancia (dejar una llamada para mañana, darte por besado, decir lo que piensas...) cobran verdadero significado, nos convertimos en dientes de león cuyas semillas se nos escapan a merced del viento y descubrimos que toda nuestra vida no es más que el resultado de una infinidad de decisiciones cuyas consecuencias o bien no podemos prever o bien no importan.




The Cinematic Orchestra feat. Fontella Bass - Breathe
Breathe out through me.
Imagen: Dandelion family (Flickr)

23.1.12

Las hermanas Bunner, Edith Wharton

23 de enero de 2012

Las hermanas Bunner es la primera novela escrita por Edith Wharton, en 1892, aunque la publicó en 1916 dentro de Xingu and other stories. Se trata de una novela corta que gira en torno a la relación que se establece entre tres personajes: las dos hermanas, Ann y Evelina Bunner, y el señor Herman Ramy. La historia está contada desde el punto de vista de la hermana mayor, Ann Eliza, y en ella, sin querer entrar en detalles, se pueden apreciar numerosos puntos en común con la biografía de la escritora. Una biografía, por cierto, apasionante: casada en 1885 con un hombre doce años mayor que ella que le fue infiel en numerosas ocasiones, ella también hizo sus pinitos en la infidelidad, por un lado con un periodista bisexual que a su vez tenía un romance con un rajá y, por otro, con una cantante de opéra y una guionista hispano-estadounidense. Además de escritora fue diseñadora y durante la Primera Guerra Mundial trabajó para la Cruz Roja con los refugiados. La moda y la atención a los enfermos son un tema relevante en su primera novela.

Es lo primero que leo de Edith Wharton pero después de haber leído esta novela corta no me importaría volver de nuevo a esta escritora, bien a través de La edad de la inocencia, la obra por la que es más conocida, como a través de Ethan Frome, otra novela corta.

Las hermanas Bunner está publicada en español por la editorial Contraseña. Dejo aquí el párrafo con el que comienza la novela:

En los días en que el tráfico de Nueva York avanzaba al ritmo de los languidecientes coches de caballos, en que la buena sociedad aplaudía a Christine Nilsson en la Academia de Música y disfrutaba de los atardeceres de la Escuela del Río Hudson que colgaban en las paredes de la Academia Nacional de Diseño, había una discreta tienda de un solo escaparate conocida estrecha y favorablemente por la población femenina del vecindario que limitaba con la plaza Stuyvesant.


"Ningún sitio presenta un aspecto hogareño si uno siempre está solo en él".


Edith Wharton en Las hermanas Bunner
 
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